March 21, 2010

EN EL DESPACHO DEL PROFESOR…

Posted in Uncategorized at 8:27 pm by losrelatoscalientesdeelsa

 

Lo siento para aquellos morbosos que piensan que me tiré a mi profesor en su despacho porque no es así… Él no era mi profesor, aunque podría haberlo sido, si yo hubiera estudiado otra carrera… El caso es que era profesor, profesor de la universidad, por aquel entonces aún no era catedrático pero sí que daba clases en la uni, y no era guapo pero a mi me daba un morbo impresionante; sigo sin saber lo que tiene pero, me pone como una moto, como una moto…

El caso es que yo le había conocido, bueno, da igual cómo le había conocido… El hecho es que él sabía que (lógicamente) a mí se me daba bien el inglés y él iba a ir a dar una conferencia en Estados Unidos y me pidió ayuda para preparar unas diapositivas que iba a poner. Yo acepté encantada, ¡por supuesto! ¡Era mi oportunidad!, ¿no? Por lo menos había quedado a solas con él y ése era un buen comienzo; a solas en la universidad para ir a su despacho y poder utilizar el ordenador… Él había bromeado sobre que podríamos haber quedado en su casa pero, que igual a mí me sonaba más raro… Casa o despacho, me da igual, yo no tengo problemas por follar en ambos sitios…

Cachonda como estaba sólo de pensar en una tarde con él, decidí prepararme para la ocasión. Primero me di un baño con espuma y sales para relajarme, luego me puse mi albornoz rojo y fui a mi habitación. Me arreglé y pinté las uñas, me atusé el pelo y me lo dejé secar al aire, me unté el cuerpo con una “crema casera de canela” y me eché una fragancia de chocolate y vainilla… ¡Lista para vestirme!… Decidí ponerme una camiseta roja atada al cuello (con un nudo fácil de deshacer…) sobre un sujetador sin tirantes de color negro, tanga negro a juego y unos vaqueros algo ajustados también negros. Me di un poco de máscara de pestañas transparente y un poco de brillo de labios y me dirigí hacia el edificio donde habíamos quedado; como salí pronto de casa, me di un paseo hasta allí para no llegar antes que él, prefería hacerme esperar aunque sólo fueran cinco minutos…

Pasé por el aparcamiento del edificio y, al momento, él salió de un coche. “¡Qué puntual!”, me dijo, “¡Ah! ¿Sí? No sé, no llevo reloj, he venido dando una vuelta” “Entremos” Era domingo pero, como profesor, él tenía la forma de entrar a la universidad; cogimos el ascensor y me llevó a su despacho. Cerró la puerta y encendió el ordenador, me ofreció una silla para que me sentara a su lado. Ya tenía todas las diapositivas preparadas así que yo les eché un vistazo, le comenté los fallos y corregimos los errores. En media hora habíamos acabado, hablamos un poco, apagó el ordenador y nos levantamos. “¿Ves cómo no ha sido tan horrible quedar conmigo para echarme una mano? Hasta creo que te has divertido…” “Sí, no ha estado mal aunque se me ocurren mejores maneras de divertirnos…” Y, con esas palabras, nos miramos a los ojos y me besó mientras me acariciaba todo el cuerpo y se pegaba mucho a mí. Podía sentir cómo poco a poco se iba poniendo cachondo acariciándome, sentía su polla entre mis piernas y me estaba poniendo mala… Cerró con llave la puerta del despacho por si algún guarda de seguridad se acercaba y la abría al oírnos y siguió besándome… Era puro fuego, me estaba poniendo como una moto sólo con sus besos y caricias… Deshizo el nudo de mi camiseta y me la quitó, acto seguido me desprendió de mi sujetador y comenzó a sobar bien mis tetas mientras se quitaba su camiseta. No paraba de besarme y acariciarme el pecho, cuando ya llevábamos buen rato así, bajó por mi cuello y empezó a besarlo mientras seguía metiendo mano a mis tetas; y después, de mi cuello, pasó a besarme y chuparme el pecho haciéndome disfrutar de lo lindo; mientras lo hacía, me desabrochaba el botón del vaquero y bajaba la cremallera para bajarme el pantalón y el tanga un poco y poder acariciar mi pubis o meterme los dedos en el coño… Después de un buen rato, bajó su lengua por mi tripa, parando un poco en mi ombligo y dándome besitos justo debajo, yo estaba cada vez más excitada y no podía más. Fue entonces cuando se agachó aún más para bajarme el pantalón y el tanga, dejándome desnuda por completo… “Estás mejor así…” dijo, y al momento, se puso a lamerme el coño como todo un experto, nunca he sentido tanto placer mientras me comían el coño; no sé cuántos coños había chupado el profesorcito pero, la verdad, me alegraba de que el mío estuviera entre ellos porque me hizo gozar como nunca; cuando me corrí y chupó bien todos mis jugos, se puso a mi altura y me susurró al oído “Estás preciosa con la cara desencajada…” Sonreí pícaramente y dije: “Siéntate, ahora te toca disfrutar a ti…”

Se sentó en su butacón del despacho y yo me puse de rodillas delante de él, entre sus piernas, le abrí la bragueta y saqué la polla de sus bóxer, la palpé y vi que estaba dura, aún así la mantuve agarrada, subí y le besé. Ahora sí que la sentía durísima bajo mi mano… Para que no me molestaran, le quité los pantalones y los bóxer y le toqué la polla y los huevos, despacito, casi sin apretar, con la mano izquierda le tocaba los huevos y con la derecha la polla, la fui apretando poco a poco, sintiendo como se ponía cada vez más tiesa… Me mojé un poco los labios con la lengua para tenerlos húmedos y listos para la gran mamada. Le miré y pregunté “¿Estás preparado? Te la voy a comer enterita…” Puse cara de zorra y abrí la boca ligeramente para ponerle aún más cachondo. Acerqué mi cara a su polla y respiré cerca de ella soplándole mi aliento. Volví a mirarle a los ojos. Saqué mi lengua y toqué su polla por los lados y un poquito en la punta, no mucho, quería putearle un poco, que lo deseara totalmente y sufriera antes de disfrutar… Comencé a lamer su polla lentamente de abajo a arriba, comenzando en la base de su polla y acabando cerca de la punta; no tenía ninguna prisa, mi lengua estaba goteando de humedad y quería que él la sintiera… Puse mi cabeza de lado y le mordí muy suavemente, impregné la zona con mi lengua y usé mi mano para extender el líquido alrededor. Me gustan las pollas húmedas, me ponen mucho más cachonda… Con la mano izquierda le toqué las pelotas, arañándolas ligeramente y procurando no hacerle daño… También deslicé mis dedos para encontrar la zona justo antes de la entrada del culo, pasando mis dedos por esa zona y sobre su agujero muy levemente; no quería hacerlo demasiado para que no se corriera tan pronto, sólo quería que se pusiera más cachondo aún… Seguí lamiendo su polla un montón de veces sintiéndola muy húmeda y dura al contacto de mi lengua… Le miré a la cara y decidí pasar al siguiente paso… En uno de mis viajes con la lengua hacia el extremo de su polla, no me detuve, continué la lamida sobre la punta de su polla. Toqué con mi lengua el agujero del centro, manteniendo mi lengua en él pero, sin chupar su cabeza aún. Recorrí con mi lengua el borde de su capullo, por todo el contorno, ahí donde los hombres son más sensibles… Estrujé su polla y comprobé que brotaba líquido preseminal así que lo esparcí con mi lengua alrededor; él miraba atentamente todo lo que hacía y por la cara que puso, supuse que le parecía de lo más erótico… Me acerqué a la cabeza de su polla y, como si fuera un helado, metí todo el capullo en mi boca, caliente. Lo mantuve ahí, él gimió. Bajé rápidamente y metí tanta polla como pude dentro de mi boca, doblando mi cuello para que pudiera entrar toda. Permanecí así, con la polla dentro de mi boca, durante un momento, la sentí dentro. Deslicé hacia atrás mi boca hasta el extremo de la polla y chasqueé mi lengua con ella, el sonido me excitó. Me moví tan rápido como pude, deslizándome arriba y abajo por su polla como si le estuviera follando. Cuando vi que estaba muy cerca de correrse, paré. Pasé a mamar su polla, tomé sólo el capullo en mi boca, mamándolo como si fuera un pezón. Le hice mamadas más profundas, tomando su polla completa, mamándola todo el tiempo hacia arriba y después hacia abajo, repitiendo el proceso una y otra vez. Cambié de vez en cuando la forma de mamar para que no se “mal acostumbrara”… Manteniéndola siempre dura y dejándola a punto de orgasmo pero, sin llegar. Y tocaba la corrida, la gran corrida… Él no aguantaba más, le pregunté si estaba a punto, me dijo que quería correrse ya. Con la mano izquierda le seguí sobando los huevos y deslicé mi dedo hacia su culito. Con la boca llena sólo con su capullo, comencé a pajearle fuertemente con la mano derecha. Al poco noté como de su polla salían disparos de leche hacia mi garganta, una explosión de semen que llenó mi boca y que escapaba por la comisura de mis labios.

Cuando terminó de correrse, le besé. Luego me separé de él y tan salida como estaba, me masturbé salvajemente frente a él para acabar pronto. Las vistas hicieron que se pusiera de lo más caliente y su polla estaba de lo más tiesa… Me dijo “Déjame que acabe por ti…” Me sentó encima de la mesa y me metió la polla hasta el fondo una y otra vez con la mayor rapidez del mundo. Después nos levantamos, empezamos a besarnos y meternos mano y me apretó poniéndome cara a la pared, mientras me sobaba las tetas y el coño, me metió la polla por detrás y me hizo correrme en seguida. Durante todas sus folladas no pude parar de gemir y jadear, me puso a mil. Después nos vestimos y repetimos el proceso en otros lugares pero, ésa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión…

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